27/12/16

Un estudio vincula la pérdida auditiva con la depresión [27-12-16]


Un estudio vincula la pérdida auditiva con la depresión

Es más probable que las mujeres y las personas no mayores se vean afectadas, apuntan los investigadores

La pérdida auditiva se asocia con la depresión entre los adultos estadounidenses, sobre todo entre las mujeres y los menores de 70 años, según una investigación reciente.

Aunque otros estudios anteriores han hallado el mismo vínculo, muchos solo observaron a adultos mayores o a regiones o etnias específicas, y los resultados han sido mezclados, apuntaron los investigadores.

En el nuevo estudio, a medida que la audición declinaba, el porcentaje de adultos deprimidos aumentaba, de alrededor del 5 por ciento entre los que no tenían problemas auditivos a más del 11 por ciento entre los que sí.

"Hallamos una asociación significativa entre el deterioro auditivo y una depresión de moderada a grave", señaló el autor del estudio, el Dr. Chuan-Ming Li, investigador del Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de EE. UU. "Se desconoce la relación causal", apuntó Li, y afirmó que se necesitan más estudios.

El estudio aparece en la edición en línea del 6 de marzo de la revista JAMA Otolaryngology--Head & Neck Surgery.

Los nuevos hallazgos tienen sentido, según dos expertos en el campo que revisaron las conclusiones del estudio.

"No me sorprende que sean más propensos a la depresión", apuntó James Firman, presidente y director ejecutivo del Consejo Nacional del Envejecimiento (National Council on Aging). "Las personas con pérdida auditiva, sobre todo las que no usan audífonos, tienen más dificultades para comunicarse son los demás, ya sea en situaciones familiares, reuniones sociales o en el trabajo".

Hace mucho que los expertos que atienden a las personas con pérdida auditiva han notado el vínculo, aseguró Robert Frisina, director del Centro Global de Investigación sobre la Audición y el Habla de la Universidad del Sur de Florida, en Tampa. "Cuando vienen [a revisar el oído] lo mencionan", afirmó.

Aún así, anotó Frisina, el estudio es valioso porque añade datos sólidos a la información anecdótica.

Para el nuevo estudio, los investigadores observaron datos de la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición de EE. UU., que incluyó a más de 18,000 adultos a partir de los 18 años. Las personas más jóvenes reportaron el estado de su audición, mientras que a las que tenían 70 o más años se les administraron pruebas de audición. Todos los participantes completaron un cuestionario diseñado para revelar la depresión.

A medida que la pérdida auditiva empeoraba, lo mismo sucedió en la depresión, excepto entre los sordos. Frisina señaló que esos adultos podrían estar acostumbrados a afrontar la pérdida.

La pérdida auditiva se vinculó con un mayor riesgo de depresión en los adultos de todos los edades, y fue más pronunciada en los encuestados de 18 a 69 años de edad, hallaron los investigadores. Las mujeres tuvieron unas tasas más altas de depresión que los hombres.

Entre los que tenían a partir de 70 años, no se halló un vínculo entre la pérdida auditiva reportada por los participantes y la depresión. Pero sí se halló un vínculo en las mujeres de esa edad si la prueba de audición encontraba una pérdida auditiva.

Esto podría deberse a que las mujeres comienzan a perder la audición en las frecuencias más altas a partir de los 65, y esas frecuencias son esenciales para comprender el habla en los ambientes ruidosos, anotaron los autores del estudio.

Aunque separar causa y efecto resulta difícil, apuntó Frisina, los investigadores tomaron en cuenta otras afecciones que podrían afectar a la audición, como los problemas para ver, y el vínculo se sostuvo. "Probablemente es un vínculo bastante firme", añadió.

Los que creen que tienen problemas para oír deben buscar ayuda, sugirió. Con frecuencia, la familia y los amigos son los primeros en notar la pérdida. "Si tiene una pérdida auditiva, debe acudir a un audiólogo y a un otorrinolaringólogo para que la diagnostiquen adecuadamente, y entonces puede buscar opciones de tratamiento", planteó Frisina.

24/12/16

El cinco por ciento de las personas con agorafobia, ni siquiera salen de casa [24-12-16]


El cinco por ciento de las personas con agorafobia, ni siquiera salen de casa

Al llegar el verano se reproduce con mayor frecuencia este tipo de situaciones. De una manera brusca y sin que haya un agente desencadenante claro se empiezan a notar taquicardias, sudoración, una especie de mareo y sensación de inestabilidad, síntomas similares a los de una angina de pecho o un infarto

Con la llegada del verano se reproducen situaciones clásicas de desplazamientos, viajes a lugares desconocidos, encuentros festivos…; se introduce, en fin, un cambio de hábitos de la conducta humana que, en determinados casos, afectan a las personas agorafóbicas. La literatura científica clásica puntualiza que la agorafobia hace referencia a un miedo intenso a los espacios abiertos.

En la actualidad, tal y como describe el director la unidad de hospitalización psiquiátrica del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y psiquiatra de Avances Médicos, José María Galletero, “la acepción de este término incluye, además, la presencia de síntomas como el miedo a lugares o situaciones donde, en el caso de padecer una crisis de angustia, no pueda disponerse de ayuda inmediata. El término abarca un conjunto de fobias relacionadas entre si, a veces solapadas, entre ellos temores a salir del hogar, a entrar en tiendas o almacenes, a las multitudes, a los lugares públicos y a viajar solo en trenes, autobuses o aviones. Aunque la gravedad de la ansiedad y la intensidad de la conducta de evitación son variables, este es el más incapacitante de los trastornos fóbicos y algunos individuos llegan a quedar completamente confinados en su casa”.

La crisis de angustia se define como “la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, iniciados bruscamente, que alcanzan su máxima expresión durante los primeros 10 minutos en los que se evidencian algunas expresiones somáticas como palpitaciones, sudoración, ahogo, opresión torácica, náuseas, vómitos, escalofríos, sofocaciones, atragantamientos, parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo), además de un profundo miedo a morir o a perder el control y enloquecer”.

Apunta el experto que “la agorafobia es el trastorno más frecuente y el más agradecido desde el punto de vista del tratamiento psiquiátrico” y recuerda que “puede ser muy incapacitante, dado que la persona afectada comienza por evitar determinados lugares públicos. Esto va en aumento, hasta el punto de que el cinco por ciento de los pacientes quedan recluidos, evitan salir de casa, incluso a la acera de enfrente”.

Según comenta este especialista, “en un principio el paciente, de una manera brusca, sin que haya un agente desencadenante, un precipitante claro o una situación reconocida empieza a notar taquicardias, sudoración, una especie de mareo y sensación de inestabilidad, aunque no llegue a caerse al suelo. Se trata de una crisis de angustia, con síntomas similares a los de una angina de pecho o un infarto: con dolores de pecho, opresión, temblor, sudoración o mareos, que, sin embargo, no tienen tan graves consecuencias para la salud”.

Sin embargo, resulta difícil hacerles ver esta cuestión. “No obstante, el paciente empieza a coger miedo a morirse, a volverse loco, a perder el control por si pierde el conocimiento y cae al suelo. Esto hace que identifique el lugar donde se ha producido la crisis con la causa –en la calle, en el cine, en el coche…- y empieza a evitar las situaciones donde se ha desencadenado esta crisis. Al final dejan de coger el ascensor, el coche… y empiezan a limitarse. Aún así, estas crisis se siguen reproduciendo y el paciente cada vez evita más situaciones. Este tipo de personas en ocasiones tienen miedo a viajar, a salir de viaje a lugares sonde no tengan un hospital próximo, un centro sanitario de referencia cercano, donde sepan que puedan ser ayudados. Pensar que han de viajar en avión, autobuses, metros, etc… les provoca pánico”.

También añade que “al final, su vida se va reduciendo a lugares comunes, familiares, muy próximos a su casa y a veces sólo acompañado por personas conocidas, con las que ellos se sienten seguros y tienen a experimentar menos ansiedad Algunas asociaciones de personas agorafóbicas de los EE.UU. han diseñado programas de ayuda en los que los propios miembros de la asociación acompañan al paciente en los viajes del metro, en autobuses o en las salidas de los centros comerciales porque eso les da una cierta seguridad”.

A la hora de describir los rasgos más comunes del hábitat en el que aparece esta patología con mayor frecuencia, Galletero apunta que “la agorafobia se presenta habitualmente en la franja de edad que va de los 20 a los 30 años y con mayor frecuencia en el género femenino, en una proporción de dos a uno. También es verdad que cuando la mujer sufre una crisis de angustia de este tipo, consulta más al psiquiatra. Sin embargo los hombres consultan menos y tienden a combatir con el consumo de alcohol como tranquilizante este tipo de crisis o ansiedades, con los riesgos que ello conlleva” y continúa señalando que “la evolución de la enfermedad es irregular y a veces es cíclica, aparece y desaparece por episodios. Existen tratamientos habituales con fármacos –ansiolíticos y algunos antidepresivos- y con psicoterapia cognitivo-conductual que ofrecen buenos resultados en tratamientos breves, de apenas diez sesiones”.

En cuanto al tratamiento, este “se centra en sesiones psicoeducativas que tratan de que el paciente vea con objetividad la crisis. Cuando el paciente tiene una crisis de este tipo piensa que va a tener un infarto, que se va a morir, que va a tener un derrame cerebral. Lo primero que hay que hacer es eliminar estas ideas distorsionadas, tratando de hacerle ver que una crisis de angustia, aun siendo muy molesta, no supone un riesgo grave para la salud. Hay que informar al paciente de qué son las crisis y cómo se generan. Después hay que tratar de modificar los pensamientos automáticos de los pacientes y cambiarlos por otros más positivos. El paciente tiene un pensamiento catastrófico y es necesario minimizar las consecuencias de la crisis. Habitualmente, desde que uno está bien hasta que está en la cumbre de la crisis pasan unos diez minutos, pero si uno espera la ansiedad se va pasando en poco tiempo aunque sea muy molesto”.

Todo esto se complementa con “la necesidad de enseñar al paciente técnicas de relajación para manejar la ansiedad y adiestrarle, asimismo, en el manejo de técnicas de respiración. También es preciso fomentar la idea de que no ha de cambiar de conductas, es decir que no tiene que evitar los lugares donde se desencadenó la crisis porque no por evitarlos las cosas van a ir mejor. De igual modo, Hay que informar a la familia para que ayude y entienda que no es una manía, un antojo, ni un signo de debilidad del paciente, sino que se trata de una enfermedad y hay que ayudarle, acompañándole a determinados sitios”.

El modo de actuación de quienes rodean a un agorafóbico es sencillo. “A veces lo que más calma la ansiedad es la tranquilidad, así que, aunque esté en una crisis aguda hay que tratar de mantener la calma. Hay que tratar de ayudar a respirar de forma adecuada y buscar ayuda médica lo más pronto posible. Si esta patología se trata de una manera precoz tiene mucha mejor solución que si se espera mucho tiempo porque la enfermedad no sólo se puede cronificar sino que puede empeorar con depresiones porque el paciente va complicándose la vida”.

Se trata ésta, de una cuestión de importancia. Precisa el médico psiquiatra que “habitualmente este tipo de problemas lo suelen tratar los médicos de cabecera. Según un estudio realizado en el Hospital de Basurto en los años 90 sobre 3.000 agorafóbicos, se comprobó que los pacientes que padecían este problema recorrían una media de siete médicos antes de acudir al psiquiatra: al cardiólogo, al digestivo, al especialista cardio-respiratorio, etc… Esto hace que se dispare el gasto sanitario y que se retrase mucho la atención sanitaria. Los pacientes no identifican los síntomas como algo psicológico y buscaban otros recursos médicos”.

Como puntualiza este psiquiatra, “existen manuales que se entregan a los pacientes en los que se recogen técnicas para disminuir los síntomas de ansiedad. Son técnicas de distracción que se practican para desviar la atención con estímulos neutros. Por ejemplo, ver los coches rojos o los que terminan en matrículas par o con cosas agradables para el paciente. Respirar con tranquilidad, no alarmarse son otras técnicas aconsejables e incluso se ha detectado el hecho de que para algunos pacientes, sólo el hecho de llevar la medicación en el bolsillo ya les resulta balsámico y tranquilizador”.
 

21/12/16

¿Eres narcisista? Conoce los distintos tipos

¿Eres narcisista? Conoce los distintos tipos

¿Nos estamos volviendo más obsesionados con nosotros mismos y narcisistas?


elperiodiquito.com

Es fácil pensar que sí. Cada vez más personas actúan como si fueran grandes estrellas en las redes sociales.

Esta obsesión por la “marca-yo” es a menudo descrita como una especie de enfermedad social. Pero no hay razón para entrar en pánico. Gustarse y preocuparse por uno mismo no es automáticamente malo.

Todos tenemos, y necesitamos, algún grado de narcisismo.

Las campanas de alarma deben sonar solamente si somos demasiado sensibles como para recuperarnos de un insulto o si no podemos aceptar que la vida es una mezcla de cosas que van bien y no tan bien.

El truco está en ser consciente de sí mismo y entender que el narcisismo no es realmente quererse demasiado sino no quererse lo suficiente.


En el peor caso

El trastorno de personalidad narcisista es la forma más grave de narcisismo. Hay al menos tres tipos diferentes.


EL NARCISISTA FACULTADO

Son personas exitosas y carismáticas. Disfrutan de la estima que viene con el poder, pero sus dificultades con el verdadero amor están marcadas por las relaciones rotas. Se esfuerzan por mantener un séquito de admiradores pero no pueden formar relaciones personales íntimas.


EL NARCISISTA MANIPULADOR

Son personas que intuyen fácilmente lo que los otros piensan y utilizan ese talento para encantar y seducir. Su objetivo es estar rodeado por el leal y servil. Se alimentan de otros porque tienen poca capacidad para mantenerse a sí mismos. Son frágiles y susceptibles debido a un precario sentido de identidad.


EL NARCISISTA SIN PODER

Nunca están satisfechos con ellos mismos. Aunque tengan buenos trabajos, relaciones felices y buena salud, nunca es suficiente. Pueden ser pasivos en las relaciones, poco sociables, se consideran víctimas y dicen que la vida no tiene sentido. Pero también pueden enojarse y atacar.

Pero no siempre es tan malo como parece ser narcisista. Exploremos tres aspectos positivos.


IMAGEN CORPORAL


Un aspecto positivo del narcisismo es sentirse cómodo en tu propia piel. Las dificultades con la autoestima empiezan desde que somos pequeños.

Nuestra más temprana experiencia de estar vivos es una sensación vaga. El primer concepto del yo no lo tenemos en palabras, sino en la clase de sentimientos que tenemos respecto a estar en el mundo.

Si tiendes a sentirse nervioso frente a la vida o si, por el contrario, sientes que todo estará bien, incluso cuando tienes problemas, y no estás muy seguro de la razón, puede ser que tu cuerpo absorbió esas sensaciones en tus primeros días.

Una comodidad subyacente con tu cuerpo puede ser señal de que te abrazaron tanto física como emocionalmente cuando eras joven.

Te quisieron tanto que te gustas como eres, sin importar cómo te ves. Esa es una forma buena de narcisismo.


HACER AMIGOS

Aristóteles observó que si no puedes ser amigo de ti mismo, la persona más cercana que tienes, es improbable que puedas establecer amistades con otros. Notó que las amistades profundas, aquellas del alma, se dan más entre personas equilibradas.

La persona que proyecta la idea de que es confiable y relajada es la clase de gente que no es emocionalmente exigente en las amistades sino que tienden a ser compañeros maravillosos.

No quiere decir que tenemos que estar constantemente cómodos con nosotros mismos; todos tenemos momentos de descontento o pánico. La cuestión es si en el fondo la personalidad es estable y fuerte.

Quienes se quieren a sí mismos lo suficiente para ver más allá de ellos mismos y notar que hay otra gente en el mundo con la que pueden relacionarse abierta y honestamente, se benefician del narcisismo bueno.


GUSTO POR EL APRENDIZAJE

El secreto del aprendizaje real es arriesgarse. Hay cosas que se pueden aprender repitiendo lo que ya se dijo. Pero para hacer algo tuyo, para que se convierta en una habilidad propia, tienes que ser capaz de cometer errores.

Esa es la razón por la que es más probable que el estudiante que hace una pregunta en clase recordará el tema que se estaba discutiendo que los que no se lanzan a preguntar.

Pero eso requiere de cierta fortaleza para que no te importe si te equivocas. Y eso viene de sentirse bien contigo mismo, incluso cuando erras.

30/11/16

La intimidad entre los abuelos y los nietos adultos podría aliviar la depresión [30-11-16]


La intimidad entre los abuelos y los nietos adultos podría aliviar la depresión

Fortalecer los vínculos familiares debe ir más allá del núcleo familiar y los hijos pequeños, afirman los investigadores

Una buena relación entre los abuelos y sus nietos adultos puede proveer una mejora psicológica para ambas generaciones, según un estudio reciente.

Los investigadores del Colegio de Boston (Boston College) hallaron que este tipo de vínculo íntimo se relacionaba con menos síntomas de depresión tanto entre los adultos mayores como entre los jóvenes. Y mientras más cercanos eran los vínculos emocionales, mayor era el beneficio, hallaron.

Para llevar a cabo el estudio, Sara Moorman, profesora asistente del departamento de sociología, y Jeffrey Stokes, un candidato a doctorado en sociología en el Colegio de Boston, examinaron los datos de encuestas con 376 abuelos y 340 nietos, recolectados entre 1985 y 2004. En promedio, los abuelos nacieron en 1917 y los nietos en 1963.

El estudio también mostró que los abuelos que proveían un respaldo tangible a sus nietos, lo que incluía realizar tareas del hogar, dar consejos, u ofrecer algo de dinero, y que a su vez recibían un respaldo similar de sus nietos, eran los que menos síntomas de depresión presentaban. Sin embargo, ese tipo de respaldo no afectó el bienestar psicológico de los nietos, anotaron los investigadores.

Por otro lado, los abuelos con el aumento más significativo en los síntomas de depresión recibían un respaldo tangible, pero no lo ofrecían, apuntaron los investigadores. Los autores sugirieron que los abuelos que reciben ayuda pero que no la hacen recíproca podrían sentirse mal o frustrados sobre tener que depender de sus nietos.

Los autores del estudio concluyeron que fortalecer los vínculos familiares debería ir más allá de la familia nuclear y los niños pequeños. Añadieron que los nietos adultos que ofrecen un respaldo tangible a sus abuelos y que permiten que sus abuelos les den algo a cambio, podrían ayudar a reducir sus síntomas de depresión.

Moorman, que también trabaja en el Instituto del Envejecimiento del Colegio de Boston, presentará los hallazgos el lunes en la reunión anual de la Asociación Americana de Sociología (American Sociological Association), en la ciudad de Nueva York.

Los datos y las conclusiones de las investigaciones presentadas en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

28/11/16

El TDAH en la niñez podría aumentar el riesgo de obesidad en la adultez [28-11-16]


El TDAH en la niñez podría aumentar el riesgo de obesidad en la adultez

Un estudio halló que los chicos con el trastorno tenían el doble de probabilidades de tener un IMC más alto cuando ya eran hombres

Los chicos diagnosticados con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) tienen el doble de probabilidades de volverse obesos en la adultez que los que no sufrían el trastorno en la juventud, muestra un nuevo estudio que duró treinta años.

Los investigadores hallaron que los hombres con TDAH infantil tendían a tener un índice de masa corporal (IMC) más alto y obesidad, aunque ya no presentaran síntomas del trastorno. Los factores socioeconómicos no cambiaron la situación: tanto ricos como pobres tendían a la obesidad.

"La moraleja es que los chicos que eran hiperactivos resultaron ser más propensos a la obesidad que niños comparables de las mismas comunidades, al darles un seguimiento de más de treinta años", aseguró el coautor del estudio, el Dr. Francisco Xavier Castellanos, profesor de psiquiatría infantil y adolescente del Centro de Estudios Infantiles del Centro Médico Langone de la NYU, en la ciudad de Nueva York.

"Realmente parece reflejar la hiperactividad temprana. Su diagnóstico actual no importa tanto, así que pensamos que se trata de problemas duraderos que probablemente surgieron a principios de la adolescencia", añadió.

Una falta de control sobre los impulsos y unas habilidades deficientes de planificación, unos síntomas que con frecuencia se asocian con el TDAH, podrían llevar a unos hábitos alimentarios y unas opciones de comida negativas, además de la tendencia a comer de más, especularon los autores.

"Encaja con otros estudios, y sugiere que la incapacidad de controlar los impulsos, la tendencia a ser relativamente impulsado por las recompensas, podría representar un riesgo de obesidad con el tiempo", señaló Castellanos.

El estudio, que aparece en línea el 20 de mayo y en la edición impresa de junio de la revista Pediatrics, dio seguimiento a 111 hombres diagnosticados con hiperactividad infantil, realizando controles a los 18, a los 25 y a los 41 años. Para la adultez, el 41 por ciento se habían hecho obesos, en comparación con un grupo de control sin hiperactividad que tenía una tasa de obesidad del 22 por ciento.

Los resultados generan cierta confusión, dijo Castellanos.

"El patrón de resultados fue, hasta cierto punto, contraintuitivo", dijo. "Pensamos que observaríamos el efecto más potente en los hombres que manifestaron TDAH en la adultez, pero no fue así. Esto sugiere que no es algo que se relacione de forma muy estrecha con el diagnóstico actual, sino con la tendencia a tener el diagnóstico".

Los hallazgos contradicen los de un estudio anterior que mostró que los hombres adultos hiperactivos tenían una mayor tendencia a la obesidad que los hombres que habían dejado detrás el TDAH infantil, comentó el Dr. Craig Surman, coordinador científico del Programa de Investigación del TDAH en la Adultez del Hospital General de Massachusetts, en Boston.

"El resumen sencillo sería que no sabemos, porque para saber hay que replicar los estudios", planteó. "Ahora la pregunta es por qué los hallazgos son distintos".

Las investigaciones futuras también deben tomar en cuenta si las mujeres con TDAH infantil son tan propensas como los hombres con TDAH infantil a volverse obesas, y si controlar la hiperactividad con fármacos puede tener un impacto, señaló Surman.

El TDAH es más común en los chicos que en las chicas; se diagnostica al 12 por ciento de los chicos de EE. UU. de 3 a 17 años de edad, según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE. UU.

El vínculo entre el TDAH y la obesidad se ha convertido en un tema de gran interés, dado que se han reportado tasas elevadas de obesidad en los niños con el trastorno, comentó Surman. La obesidad puede llevar a enfermedades cardiacas y diabetes más adelante en la vida.

"Es muy importante comprender las formas en que el TDAH afecta a la vida y al cuidado de uno mismo", enfatizó Surman. "Hace tiempo sabemos que los escritorios y las casas de las personas no es lo único que está desordenado. En algunas personas, también hay una falta de capacidad de controlar la forma en que se cuidan".

25/11/16

El hábito de solo ver el celular

 El hábito de solo ver el celular

El “phubbing” es una conducta que desconecta de las demás personas y, en muchas ocasiones, crea abismos emocionales, según la terapeuta Heidy Camilo.

listindiario.com.-Coralis Orbe

¿Usas frecuentemente el celular en encuentros con amigos, pareja o familiares? ¿Pones más atención al celular que a tus conversaciones? ¿Sientes ansiedad cuando estás compartiendo y no le pones la mano al teléfono? Si tus respuestas son afirmativas, ¡cuidado! Haces “phubbing” y estás dañando tu relación con los demás.

Este término, que proviene de  “phone” (teléfono) y “snibbing” (desairar),  se define como el hábito de ignorar todo lo que te rodea por estar atento al teléfono.

No solo es considerado como una falta de educación o un irrespeto hacia los demás. También, según la sicóloga Heidy Camilo, es una conducta que desconecta de las demás personas y, en muchas ocasiones, crea abismos emocionales.

“Con este tipo de comportamiento se pierde la capacidad de contacto físico que es tan necesaria para los humanos”, asegura la especialista del Centro Vida y Familia.

La sicóloga enfatiza que, aunque el “phubbing” aún no está registrado en los manuales de trastornos sicológicos o siquiátricos, es un fenómeno que se presenta cada vez más en nuestra sociedad.


Cualquiera puede hacer “phubbing”


El ignorar a los demás para solo ver el celular no es una costumbre que se da en un estrato social o en una generación en específico, es decir, cualquier persona sin importar la edad puede ocasionarlo, a pesar de que en los jóvenes es más común este tipo de actitud.

La sicóloga Heidy Camilo insiste en que la conducta de solo prestar atención al celular deber ser persistente para ser considerada como “phubbing”.


Los problemas que causa el ‘phubbing’

“El uso del celular y las herramientas tecnológicas acerca a quienes están lejos y aleja a quienes están cerca”. Este es un dicho que se ha popularizado con la aparición de los teléfonos inteligentes y las redes sociales.

Cuando ignoras a tus amigos, familiares y pareja por estar pendiente solo a lo que sucede en el mundo virtual, tu relación con ellos se va desgastando y te vas aislando.

Pero con cada actor el cambio o los problemas que se pueden presentar por esta actitud son diferentes.

Según la terapeuta Heidy Camilo, en el caso de los familiares, cuando uno de los miembros desprecia o ignora a los demás por estar enfocado en el uso del móvil, crea una situación complicada en la dinámica familiar, pues la persona se convierte en una especie de fantasma en la familia. Además, se desconecta de todo.

¿Qué sucede con los amigos? De acuerdo con Camilo, cuando estás en un grupo de amigos y no interactúas, creas en tus conocidos un sentimiento de rechazo.

“Quien actúa bajo los parámetros del ‘phubbing’ va terminando la relación de amistad, y con esto se va quedando solo en términos físicos,  es decir, en ocasiones sigue la amistad vía red, pero se pierde la posibilidad de abrazar, compartir sonrisas con los amigos y amigas”, señala la terapeuta.

Mientras que con la pareja, asegura la especialista, la relación se puede afectar tanto que se puede romper. De hecho, actualmente es una de las principales causas de conflictos conyugales.

“Cada vez es más común que a consulta de pareja lleguen hombres y mujeres con la queja de que en su relación existen tres elementos. Ese tercero no es una persona, se refieren al celular. Hay parejas que viven el abandono emocional y la sensación de rechazo de manera tan intensa que en ocasiones esto es causa de separaciones”, añade la terapeuta del Centro Vida y Familia Ana Simó. 


Cómo ayudar

¿Conoces a alguien cercano que de repente saca su celular y se desconecta de la conversación que tiene contigo para atender el teléfono? Si quieres sacarlo de esta tóxica actitud, debes confrontarlo y verbalizar los sentimientos que experimentas cuando te sientes sustituido por una aplicación o red social.

En la familia, recomienda la terapeuta, hay que crear reglas de no usar el celular durante ciertas actividades, para poder parar este hábito.

“El uso de celulares inteligentes es actualmente una necesidad tanto para la vida profesional, académica y personal. Pero el uso excesivo de esta herramienta no puede alejarnos de lo que nos hace humanos: el calor de un abrazo, la belleza de la naturaleza, la simplicidad del día a día, en fin, el contacto físico y la convivencia humana”, recuerda la experta.


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¿POR QUÉ SE DA EL ‘PHUBBING’?

En la investigación “Phubbing y las relaciones interpersonales en adolescentes”, realizada para la universidad Rafael Landívar de Guatemala, se explica que varios estudiosos de conducta aseguran que el “phubbing” puede darse entre dos posturas: por cambios negativos en el comportamiento humano, ya que puede alterar la convivencia y generar nuevas enfermedades mentales. Mientras que la otra es que “las nuevas generaciones se aislarán del resto de los familiares al ocupar horas enteras en el teléfono inteligente”, lo que promueve la soledad, incomunicación, ansiedad, depresión y pérdida de identidad personal.


13/11/16

Mayor riesgo de bipolaridad en personas creativas [13-11-16]

Mayor riesgo de bipolaridad en personas creativas

Para la investigación que llegó a esa conclusión, se examinaron los riesgos genéticos de 86,292 personas de la población general de Islandia.



Los mismos genes relacionados con la creatividad podrían aumentar el riesgo de desarrollar esquizofrenia y trastorno bipolar, dos condiciones que provocan alteraciones en el proceso cognitivo y emocional.

Para la investigación que llegó a esa conclusión, publicada en la revista Nature Neuroscience y reseñada en el portal Science Daily, se examinaron los riesgos genéticos de 86,292 personas de la población general de Islandia. Para propósito del estudio, los individuos definidos como creativos fueron los pertenecientes a sociedades de artistas, actores, bailarines, músicos, artistas gráfios y escritores.

Ya estudios previos habían identificado una relación entre creatividad y trastornos psiquiátricos como el bipolar, pero no ha quedado claro si este vínculo se debe a genes comunes.

Durante mucho tiempo se ha sugerido que la creatividad y la psicosis tienen ciertas similitudes, con ejemplos en artistas como Vincent van Gogh, quien sufrió enfermedades psiquiátricas. Otras investigaciones han demostrado que los trastornos mentales tienden a estar presente en las mismas familias donde son comunes las profesiones creativas.

Según la reseña publicada en Science Daily, los investigadores encontraron que las puntuaciones de riesgo genético para la esquizofrenia y el trastorno bipolar fueron significativamente mayores en las personas que se definen como creativas.

El autor principal del estudio, Robert Power, destacó que para la mayoría de los trastornos psiquiátricos se conoce muy poco sobre las vías biológicas que conducen a la enfermedad. “Una idea que ha ganado  credibilidad es que estos trastornos reflejan extremos del espectro normal del comportamiento humano, en lugar de una enfermedad psiquiátrica distinta. Al conocer que los comportamientos saludables, como la creatividad, comparten su biología con enfermedades psiquiátricas, ganamos una mejor comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a que una persona se enferme”, indicó. “Nuestros hallazgos sugieren que las personas creativas pueden tener una predisposición genética a pensar de manera diferente y cuando se combina con otros factores biológicos o ambientales dañinos, puede desencadenar en una enfermedad mental”.
 

12/11/16

Claustrofobia [12-11-16]


Claustrofobia

Cuando la severidad de los síntomas no es alta y el diagnóstico no es complicado, un psicólogo puede ayudar a superar esta fobia en apenas diez sesiones

Cuando entra en un ascensor, ¿siente palpitaciones y la boca seca? ¿Le da miedo viajar en metro o pasar varias horas en autobús? ¿Evita circular o pasear por los túneles? ¿Sufre ansiedad cuando se encuentra a oscuras en una habitación cerrada? Todas estas situaciones describen lo que se conoce como claustrofobia, un miedo intenso a los lugares cerrados que se caracteriza por diversos síntomas fisiológicos y que requiere la intervención de un especialista para superarlo. Aunque es una de las fobias más sencillas y fáciles de tratar, quien la padece puede verse limitado en su vida diaria. Por ello, conviene acudir al psicólogo para que diagnostique y aplique la terapia más adecuada. Diez sesiones pueden ser más que suficientes.


Origen

Las fobias se caracterizan por un miedo irracional ante una circunstancia o situación determinada. Cuando ese miedo se presenta como consecuencia de sentirse atrapado en un espacio pequeño, o que se percibe como tal, se denomina claustrofobia. Un problema que afecta aproximadamente al 5% de la población y que se clasifica dentro de las denominadas fobias específicas, es decir, aquellas que describen el miedo a algo concreto.

Quien la padece evita situaciones tan comunes como utilizar un ascensor, atravesar un túnel, viajar en metro, autobús o avión, quedarse encerrado en una habitación pequeña e, incluso, hay quien se niega a soportar pruebas médicas como un TAC, que requiere inmovilidad absoluta durante varios minutos en máquinas de ajustadas dimensiones. «Son capaces de buscar cualquier alternativa para no tener que afrontar su miedo», asevera Juan Romeu, especialista en neurología y psiquiatría del Gabinete Médico Psicológico de Barcelona y perteneciente al Cuerpo Facultativo de la Clínica Quirón.

Es muy probable que una persona que padece episodios de claustrofobia pueda haber experimentado antes una situación traumática que le conduce a evitar escenarios similares. Por ejemplo, es frecuente que se nieguen a utilizar un ascensor quienes se han quedado atrapados en algún momento de su vida en otro sin apenas aire para respirar, más si se cortó el suministro eléctrico. Pero no todas las experiencias desagradables son vividas por cada persona de la misma manera ni dejan la misma huella. Que en un futuro se desarrolle ese temor irracional a repetirla, por tanto, puede depender de otros factores.

Algunos especialistas afirman que la claustrofobia se produce por causas hereditarias, como una especie de trastorno genético que se transmitiría de generación en generación. Una teoría con la que no todos están de acuerdo y que responde, según explica Verónica Guillén, psicóloga del gabinete de Psicología Previ, de Valencia, al hecho de que «algunos padres transmiten a sus hijos mensajes de ansiedad y les trasladan, sin darse cuenta, sus propias fobias».

Son varias las teorías, pero en la práctica la mayoría coincide en afirmar que quien padece de claustrofobia no siempre teme al espacio cerrado en sí, sino que padece el mismo miedo, a veces más, a las posibles consecuencias negativas que pueda provocar. «Es muy frecuente que se tema más sufrir un ataque de ansiedad que quedarse colgado en un ascensor», señala Guillén. Precisamente, es en estos casos cuando el tratamiento puede complicarse porque los miedos se multiplican y las fobias, también. Es como si además de tener miedo a un perro, nos aterrara pensar que nos puede morder y contagiarnos la rabia.

Síntomas

La mayoría de las fobias tienen unos síntomas comunes que, en el caso de la claustrofobia, también se repiten. Los más habituales son boca seca, palpitaciones, sensación de ahogo, sudor frío, náuseas, pulso acelerado, malestar, sofocos y temor; prácticamente los mismos que se presentan en una crisis de ansiedad o de angustia. Además, a menudo se produce también una respiración rápida, llamada hiperventilación, que según describe Juan Romeu «llega a provocar un exceso de eliminación de CO2 y alcalosis sanguínea». Estas alteraciones pueden dar lugar a hormigueo y espasmos musculares, especialmente en el rostro y en las manos.

«La ansiedad es una reacción de alarma ante lo desconocido, cuya respuesta es doble», explica Romeu. De un lado, psíquica, «de preocupación o impaciencia» y física, caracterizada por la múltiple activación del organismo como defensa ante lo imprevisto. «El cerebro pone en marcha la respuesta de ansiedad como un estado de suma vigilancia, de alerta crispada, al tiempo que, a través de descargas de adrenalina, prepara al cuerpo para lo que pueda ocurrir», completa Romeu.

Es esta descarga de adrenalina la que provoca los síntomas citados y causa otros como el aumento de la presión arterial o la contracción de algunos esfínteres, que puede ir emparejado con la necesidad de orinar o de defecar. Todos ellos suelen presentarse ante cualquier situación que implique permanecer en un espacio reducido y pueden derivar, según su intensidad, en un ataque de pánico. Esto es lo que ocurre cuando una persona sufre claustrofobia en el agua. «Puede ocurrir que cuando alguien practica buceo, más que sentir una sensación de libertad, se sienta encerrado y, al verse rodeado de agua y a cierta profundidad, la ansiedad se convierta en un ataque de pánico», describe Verónica Guillén.

Por lo general, los síntomas remiten cuando se termina la situación que los provocó, pero es importante controlarlos y superarlos para evitar que la persona pueda resultar dañada. «No todos los estados de ansiedad cursan con todos estos síntomas», matiza Romeo. No obstante, «un 3% ó 4% de la población general sufre las llamadas crisis de ansiedad o de pánico, que provocan una intensa conmoción en quien las padece, con una grave sensación de estar perdiendo el control o incluso de estar muriéndose».

Puede ocurrir también que los síntomas de la claustrofobia se agraven cuando la persona los padece en público, en una situación difícil o embarazosa, y deba enfrentarse a la sensación de vergüenza que pueda sentir porque los demás le miren o sienta que hace el ridículo. Es entonces cuando se añade el fenómeno llamado agorafobia, que además de utilizarse para referir el miedo a los espacios abiertos se emplea, según Romeu, para definir el miedo y la ansiedad que aparecen, de forma patológica, cuando uno está en algún lugar de donde es difícil salir para hallar ayuda si apareciera la crisis de ansiedad.

Cómo superarla

La claustrofobia se cura, pero para ello, según afirma Verónica Guillén, es necesario acudir a un psicólogo. «Si la claustrofobia es una fobia sencilla, conocida como fobia específica, se clasifica dentro de los trastornos de ansiedad y no necesita fármacos para curarse», explica. Sólo se recurre a los medicamentos cuando la claustrofobia se produce a la vez que otros trastornos graves como la depresión, situación en la que se precisaría de la intervención de un psiquiatra. «Si no, sólo es un problema», matiza.

Juan Romeu también comparte esta idea e insiste en que cuando la claustrofobia no se asocia con ninguna otra fobia o complicación es fácil de curar. No obstante, reconoce que hay que tener cuidado porque la claustrofobia a veces se confunde con el miedo a tener un ataque de ansiedad, «que es otra fobia y requiere otro tratamiento». Antes de ponerse en manos de un especialista, añade, las personas afectadas suelen desarrollar técnicas de evitación. «Evitan aquella situación que saben que les provoca la fobia, hasta que alguien querido les pide que la afronten o se encuentran obligados a hacerlo», subraya. Es el caso de alguien que tiene miedo a volar y debe viajar de urgencia desde la península a las islas. En casos así, «seguro que cogerá el avión», apunta el psiquiatra.

El tratamiento para superar una claustrofobia consta principalmente de dos partes: información y exposición. «Primero se facilita al paciente toda la información que necesita sobre la claustrofobia y su origen, y luego se recrean aquellas situaciones que dan lugar a la fobia», indica Guillén. Se trata de que el paciente diferencie los conceptos de miedo, ansiedad y fobia, y entienda las causas que los provocan, a la vez que se le enseñan técnicas de relajación y de control del pensamiento, para recordar tranquilamente la situación temida.

«Esta es la forma lenta, pero las fobias se pueden superar también de forma rápida», defiende Romeu. «Se trata de colocar a la persona en una situación de máxima ansiedad y esperar que se extinga por agotamiento». Por ejemplo, cita, una persona con fobia a los ascensores es situada en uno de ellos junto con el terapeuta y «es aleccionada a consumir su ansiedad hasta que ésta desaparezca por completo». La ansiedad despertada por una situación suele bajar al 50% en la primera hora, al 20% en la segunda hora, y extinguirse por completo durante la tercera hora. Si se combinan técnicas de relajación es factible reducir el proceso a poco más de una hora. «De esta forma, la persona aprende que es posible convivir con las situaciones más temidas y, a partir de ahí, regular sus miedos irracionales», asegura.

Por otro lado, las nuevas tecnologías también han irrumpido en el mundo de la psicología. La realidad virtual es una técnica cada vez más utilizada para estos trastornos. La primera experiencia se llevó a cabo en el Centro Médico Delfos-Sitec de Barcelona, en colaboración con la Universidad Jaume I, de Castellón. La metodología se aplicó de manera experimental para sumergir a los pacientes progresivamente en las situaciones que les provocaban el miedo, pero ha sido extendida por otros profesionales como los del Centro Previ. «Podemos crear cuantas situaciones imaginemos», cuenta Romeu. Gracias a la realidad virtual se puede recrear un ascensor, un túnel o una habitación, en la que poco a poco se bajan las persianas y cada vez se consigue más oscuridad. El psicólogo observa cómo reacciona la persona claustrofóbica y le ayuda a superar la situación que le provoca ansiedad. Se trata de un tratamiento «más breve y menos agresivo», explica uno de los psicólogos del centro.

En concreto, este sistema de realidad virtual puede ayudar al paciente a superar su problema en apenas seis sesiones cuando la fobia no se complica con otros trastornos, según Verónica Guillén, aunque con el sistema de terapia convencional pueden bastar una decena de sesiones de una hora de duración. Lo importante es tener ganas de curarse, recuerdan en Previ: «No todas las personas con claustrofobia buscan ayuda profesional para superar su problema». Muchas manejan su problema evitando activamente las situaciones que impliquen cierre, la mayoría desconocen que este problema puede llegar a desaparecer con un tratamiento apropiado y otros suelen buscar ayuda especializada sólo cuando su problema interfiere de un modo notable en su vida, en su trabajo, en su familia o en sus relaciones sociales. Por último, muchos claustrofóbicos se han resignado y han aprendido a vivir con su problema.